Usted está plácidamente sentado en el tren y a su lado hay una persona bien parecida del sexo opuesto a la que mira de reojo. Sin ninguna razón, esa misma persona lo abraza y rompe a llorar con desconsuelo.
Usted no pregunta nada, pero se deja llevar manso por el arrullo de aquel abrazo y por la humedad de las lágrimas con rímel sobre su solapa impecable, sobre su conmovido hombro viril.
Usted no pregunta, a pesar de su sorpresa, pero se siente bien ante la gente que disimula y sospecha ¡ tantas cosas...!
Le alcanza entonces, casi con familiaridad- como brindando un tácito consuelo- su pañuelo blanco, doblado con escrupulosidad y sensualmente fragante.
Usted se inquieta un poco ante este llanto inexplicable, ante los gestos confiados de la misteriosa mujer desconocida, a quien imagina atractiva; intuye, huele... pero de la que, tan sólo logra ver las largas piernas cruzadas, increíbles.

Usted, que habitualmente a nadie presta atención, a nadie entiende ni atiende, es motivo de consuelo y protección. Esta hermosísima mujer ha elegido su pecho para llorar. Se siente preferido, señalado por ella y no logra disimular su orgullo; aunque sí, su asombro, que crece, crece y se convierte, sin razón, en repentino fastidio, en una gran molestia atragantada e irrefrenable, en una opresión gigantesca, compulsiva que lo obliga a apartarse de ella ( que ya no es tan atractiva), a separarla de su lado casi con desdén, a pasar su mano como quien barre una pelusa adherida caprichosamente a la tela. Tiene la secreta intención de secar esas lágrimas impuestas, ajenas e injustas sobre la solapa inmaculada de su traje beige.
Es en este momento cuando se atreve a decir entre dientes una frase soberbia de la cual no se creía capaz: - “Ya te dije que no volvieras sobre lo mismo...”
Después de todo, Usted no tiene por qué ir por este mundo soportando el llanto de cada una de las mujeres que en el tren se sienten a su lado, no tiene por qué consolarlas a todas, aunque sean hermosas y atraigan calladamente su mirada.
Es preciso mostrarse indiferente; si no mañana la escena volverá a repetirse o a colarse en sus sueños, una vez más.