Es un fenómeno que crece a un ritmo sostenido: las páginas personales destinadas a hablar de los temas más variados. La necesidad de comunicarse y borrar las fronteras entre lo público y lo privado.

Ya son más de 200 millones y siguen creciendo. Estrictamente no están en ningún lado y no son parte de ningún país o continente. Los blogs continúan con su avance arrollador y se consolidan como un fenómeno sostenido en la web, ese ámbito de lo efímero.
Tener uno de esos diarios digitales implica más que contar con un espacio propio para hacer oír la voz: “Los blogs redefinieron las fronteras de lo íntimo y lo compartido, lo privado y lo público, lo que es visto por pocos y lo que es visto por muchos”, explica el psicólogo Gabriel Abarca. “Durante siglos la humanidad vivió incomunicada o bien haciéndolo a través de papel y con semanas de demora. Nos cuesta recordar un mundo donde tomar sol era una actividad privada o donde lo público pasaba por el banco de la puerta de casa. Hoy estamos acostumbrados a los satélites, a las cámaras, a Gran Hermano, al amigo en el extranjero, al cliente de otro país, al lector de otra ciudad”.
Hay tanta variedad de blogs como de autores o “bloggers”: está el blog personal y confesional, el blog temático (de política, noticias, opinión, comentarios sobre la actualidad), el blog colaborativo, el blog literario y más. Y a muchos les cambió la vida: “El blog se convirtió en mi principal entretenimiento: me divierto horas por día, desplazó a la tele e incluso afecta seriamente mi capacidad de trabajo. Parezco un adicto: estoy todo el tiempo pensando en posts, o sea, mi cerebro ya redacta todo directamente como lo diría en el blog”, confiesa Diego de la Fuente, blogger y diseñador gráfico. “Un día armé un blog para poner reflexiones, frases y pensamientos –agrega–. Durante muchos meses lo visitaban sólo mis amigos `de la vida real´. Días después, otro blog recomendó el mío y se ve que ahí lo vieron varios y se empezó a armar una especie de comunidad de lectores”.
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