Todos los días me levanto para ir a la facu, y me encuentro en la cocina, ya arreglada, bañada y perfumada a una alta ejecutiva de una empresa, terminando los detalles del desayuno con una sonrisa. Sé que en pocos minutos saldrá corriendo a llevar a mi hermanito al colegio y a mí a la estación de tren. A partir de allí le pierdo pisada, hasta la noche ( salvo por supuesto algunos llamados o mensajitos de texto que recibo), donde me vuelvo a reunir con ella y el resto de la familia para compartir la cena. Ya no está tan arreglada y ha perdido el perfume, aunque conserva la sonrisa. Pregunta y se interesa por todos, y cuando le pregunto como le fue, me mira y solamente responde “bien, hoy fue un día largo, pero bien”. Hace un tiempo decidí visitarla en la empresa que dirige. Como llegué de sorpresa, estaba en una reunión con el Presidente de la multinacional, por lo que esperé un buen rato. Observé y escuché la enorme cantidad de llamados que recibían sus asistentes, y la ví pasar rauda de un lugar a otro, hasta que me vió. Paró en seco, me sonrió y tomándome de la mano me hizo entrar en su reunión con esta frase: Señores, tengo el placer de presentarles a mi hija mayor!
Pudimos compartir un ratito, y hasta ví su agenda desplegada en su escritorio completa de principio a fin de cada día. Me hizo pensar que entre las miles de cosas que había en ella, figuraba una reunión de padres en el colegio de Manu ( mi hermanito) y resaltado en amarillo “carterita de Cel “, pedido que le había hecho esta mañana para la fiesta del sábado.
Volví a casa meditando... y se me ocurrió averiguar de donde venía el tema del Día de la Madre, lo que encontré es muy conocido: si bien ya se festejaba en diferentes partes del mundo un día dedicado a la maternidad, fue Anna Jarvis, hija de una activista comunitaria de gran participación en la organización de las mujeres para ayudar en la guerra civil a los heridos de las comunidades apalaches de ambos lados, quien en 1910 en memoria de su madre comenzó la campaña para establecer este día como uno en el que conmemoraba, la lucha por la Paz. Solicitaba el 2º domingo de mayo que a veces coincidía con el aniversario de la muerte de su mamá. Lo logró con la presidencia de Presidente Woodrow Wilson, y poco tiempo más tarde ya había más de 40 países que lo festejaban en tiempo similar. Sin embargo la misma Anna viendo como se hacía de esto un evento comercial, intento que se aboliera sin resultado.
Entendí a Anna ... el alma de la iniciativa se había esfumado. Y ocurrió:
Ví a mi madre en su totalidad, sentí su tarea cotidiana en todos sus aspectos, descubrí su esencia casi tangible y decidí.
Sé que el domingo quiero que sea un día especial, donde la honre como se merece y la mime como tengo ganas. Me pondré de acuerdo con Manu, y le vamos a preparar el mejor de los desayunos, con claveles blancos, como pedía Anna, y lo comeremos juntos en la cama como cuando éramos chicos y quizás le cocine hamburguesas con puré al mediodía... quiero mirar a Mamá y devolverle mil sonrisas, las que me hicieron crecer, las que me hicieron creer en mí, las que me apoyan cada día.
Y el regalo? Sí, un día de estos sin motivo aparente, le voy a regalar una botella del perfume que le gusta, pero no el domingo 21, ese día le voy a dar las GRACIAS.
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