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"... una red barrial laboral que crece", La Nación - 31/12/2004


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La familia a la Cancha, por Lula Martinez, vecina de Victoria

Me resulta increíble ver como el fútbol une a la gente, sobre todo en esos barrios donde “la cancha” es el programa ideal, familiar e indispensable de cada semana. En la cancha hay bebes con la camiseta, embarazadas envueltas con banderas, hinchas nuevos, hinchas antiguos, barras bravas, localistas, plateistas, invitados de ocasión, las que se empilchan hasta el cuello, los que van en shorts, los que se pintan la cara de los colores del equipo, los exitistas, los que se bancan la que venga, los que recuerdan épocas mejores, los que piensan que todavía lo mejor no llego... Miles de personas diferentes que una vez por semana se juntan con la misma intención: insultar al árbitro.

No, hablando en serio, es un fenómeno increíble ver miles de incompatibilidades, compatibilizar durante dos horas. Cantamos plagios que se nos vuelven himnos, saltamos, ocultamos las ocasionales lagrimas, y cuando meten el gol, ese que te hace ganar el partido, nos abrazamos con quien tengamos al lado y gritamos tan fuerte que el barrio se sacude y se llena de sus hinchas.

Hace doce años ya, empecé a alentar a mi equipo, al Club Atlético Tigre. Mi papa, reciente divorciado en esa época (socio del club desde su segundo mes de vida) encontró el entretenimiento perfecto para sus hijas, para tener un sábado (épocas de B metropolitana) en familia. Recuerdo cuando pise el estadio por primera vez; papeles que volaban desde la popular, gritos, cantos y silbidos; fue una de esas sensaciones que se tiene solo una vez en la vida. Arrasada por la plenitud de saberme finalmente en casa, atravesé ese pequeño pasillo plateista, me senté en la platea y mirando a mi papa hice una de las preguntas mas importantes que se pueden hacer en una situación similar: “nosotros cuales somos?”. Y así empezó el amor, inexplicable pero innegable. El fútbol es el único amor que te da todo, y no te pide nada a cambio. Llena de orgullo, y de alegrías y tristezas a cualquiera que lo experimente. Y siempre invita, siempre hay lugar para uno más.

Gracias a este maravilloso deporte, aprendí a disfrutar de la compañía de mi abuelo, que me enseño a vivir esta pasión en cada partido. Y hoy, que el ya no esta en este mundo, su amor por el club sigue a través mió. Mi papa me sigue dando el gusto de acompañarme, a veces vamos a la platea, y nos sentamos en el mismo lugar donde nos sentábamos hace doce años. Hasta logre que mi mama saltara cerca de la barra brava, en un Tigre - San Martín de Tucumán, una noche de lunes, y ahora, cuando la invito, viene sin dudarlo y con una sonrisa enorme en la cara, (a veces incluso canta las canciones!).

Tigre me dio todo, pero por sobre todas las cosas, me da la alegría de dejarme compartirlo con mi familia.

El fútbol tiene violencia, es cierto, pero no le tengan miedo a algo que puede darles la alegría que nos da a tantas personas treinta y ocho veces al año. Si nunca viniste a verlo, aprovecha que estamos en un hermoso momento y date una vuelta por Victoria. Te vamos a estar esperando.

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