Cuando de arte se trata, sabemos que no es indispensable para la supervivencia como el pan o el agua. Sin embargo, el espíritu también reclama su alimento, y lo puede encontrar en cualquiera de las manifestaciones del arte. Si bien disfruto de todas ellas, me especialicé en literatura. Considero que es la manifestación cultural más completa, porque allí encontramos elementos de filosofía, sicología, antropología, sociología, etc. Si bien algunos pudimos realizar una especialización académica en la materia que nos apasiona, quienes no tuvieron la oportunidad la tienen ahora en la difusión de cursos y talleres a los que pueden ingresar personas de todas las edades. ¿Qué diferencia hay entre unos y otros? En los cursos hay una persona-el experto- que habla y los demás escuchan, reciben. Pueden hacer preguntas, pero no mucho más. En los talleres, como su nombre lo sugiere, se trabaja a la par. Quien coordina sabe un poco más que lo otros, pero la dinámica que los caracteriza está en la participación de todos. Los conocimientos pueden adquirirse por experiencia o por lecturas, de modo que siempre alguien tiene algún aporte interesante que compartir, y entre todos se va construyendo el saber sobre el tema elegido.
La escritura implica un trabajo. Aproximadamente, el porcentaje es de un veinte por ciento de inspiración y un ochenta por ciento de transpiración. Se disfruta pero también se padece escribiendo, hasta conseguir el resultado que se busca.
La lectura, en cambio, es puro placer, puro hedonismo. No tenemos que seguir leyendo un libro que no nos atrapa.
Decía Borges que hablar de lectura obligatoria es como hablar de felicidad obligatoria. Y también que la función del arte es la de transformar la desdicha en belleza, porque la felicidad no necesita ser transformada: es un fin en sí misma.
María Laura Amuchástegui (Coordinadora de talleres literarios, Licenciada en Letras, autora de Planeta, Elefante Blanco -Tusquets, Gárgola.)- Vecina de Acassuso - Martínez - ver más...
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