Yo estoy convencida que cuando Dios creó el mundo y a los seres humanos, pensó que el Amor era suficientemente poderoso, para que el hombre integrara a su círculo más íntimo, a un peludo, o escamoso, o resbaladizo, o brioso ser, de la gama divertida de seres que salieron de la paleta del Señor. Y así nacieron las Mascotas. Criaturas que forman parte de nuestras vidas, fuente inagotable de alegrías, sanadores por naturaleza, compañeros en cualquier circunstancia, en fin... seres amados de nuestra familia. Al llegar a casa, es el primero que viene a recibirte ( si tiene cuatro patas por supuesto, o por lo menos dos!!!), y es el que te despierta el niño que todos tenemos dentro para saludarlo con un “ Hooooollllllaaaaa Chuchu, como está ese pompón de su mamá/ papá!!!!!!!!” mientras te tirás al suelo y el bicho te salta, te babea, te llena de pelos, ante la mirada paciente del resto e la familia que espera que termines, para saludarte con una sonrisa. Mi amigo mascoteril ha tirado árboles de Navidad, se comió las patas de los sillones y la cena que estaba preparada y las medias que me iba a poner esa mañana y por supuesto su comida... pero después... para él lo primero es lo primero, y cuando lo vas a retar, pone esa cara de “ merd.... me mandé un moco”, te mueve la cola y te saca una sonrisa y fuiste!!!! Están para darnos y recibir Amor. Y como toda relación en este mundo tiene sus Derechos, que deben ser respetados, mascotas o no, sino seres vivos con sentimientos, se me ocurrió que sería interesante que todos los conociéramos, por lo que, a través de este artículo que Entre Vecinos tiene la amabilidad de publicarme, quiero compartir con los vecinos la Declaración Universal de los Derechos del Animal. A todas las Mascotas y a sus dueños “ FELIZ AÑO NUEVO”.
María, vecina de Martínez
La Declaración Universal de los Derechos del Animal